La falsificación de productos es una de las principales preocupaciones de cualquier empresa que invierte tiempo, recursos y creatividad en desarrollar nuevos artículos. Aunque no existe una fórmula que garantice al 100% que nadie copiará tu producto, sí existen herramientas jurídicas que permiten prevenir, disuadir y actuar eficazmente frente a las copias, tanto en el mercado físico como en Internet. En este artículo trataremos este tema y te explicaremos cómo evitar que copien un producto.
Cómo proteger un producto y evitar las falsificaciones
La primera recomendación es proteger jurídicamente aquello que aporta valor a tu producto. Cuando hablamos de un catálogo completo de creaciones, ilustraciones, fotografías, diseños gráficos o contenidos comerciales, el registro de la propiedad intelectual puede convertirse en una excelente herramienta probatoria. Aunque los derechos de autor nacen con la creación de la obra, disponer de un registro facilita enormemente acreditar la titularidad y la fecha de creación en caso de conflicto.
Sin embargo, cuando lo que se ha desarrollado es un producto nuevo, con una apariencia propia y diferenciada que no existe previamente en el mercado, la protección más adecuada suele ser el diseño industrial. Este derecho protege la apariencia externa del producto y otorga a su titular la posibilidad de impedir que terceros fabriquen, comercialicen o importen productos que reproduzcan ese diseño.
En este punto, el tiempo es un factor clave. La legislación concede un período de gracia de 12 meses desde la primera divulgación realizada por el propio diseñador. Esto significa que el diseño debe registrarse antes de que transcurra un año desde que se mostró públicamente por primera vez. Si se supera ese plazo, el diseño puede perder el requisito de novedad y quedar expuesto a posibles acciones de nulidad.
¿Qué es importante saber sobre el ámbito de protección de nuestra invención?
Además, es importante reflexionar sobre el alcance territorial de la protección. Muchas empresas lanzan sus productos en un mercado nacional, pero hoy en día Internet permite que consumidores de cualquier país accedan a ellos. Si existe la posibilidad de que el producto despierte interés fuera de nuestras fronteras, resulta aconsejable solicitar protección internacional desde el inicio. En el ámbito europeo, una opción especialmente eficaz es el diseño comunitario, que proporciona protección unitaria en todos los Estados miembros de la Unión Europea mediante una única solicitud.
Por último, la vigilancia es tan importante como el registro. Monitorizar marketplaces, redes sociales y plataformas de comercio electrónico permite detectar copias tempranamente y reaccionar con rapidez mediante requerimientos, procedimientos de retirada de contenido o acciones legales.
Proteger un producto no evita por completo las falsificaciones, pero sí proporciona las herramientas necesarias para defenderlo. En materia de propiedad industrial e intelectual, llegar a tiempo suele marcar la diferencia entre poder actuar o lamentar una oportunidad perdida.
Si estás pensando en proteger un producto o una invención te recomendamos que consultes nuestro artículo sobre el precio que tiene actualmente presentar una patente en nuestro país. Al contrario de lo que se suele pensar patentar una idea no es complejo y sobre todo no es muy costoso, sobre todo si lo comparamos con el perjuicio que podemos sufrir si copian o utilizan nuestro producto sin nuestra autorización.


