Cuando hablamos de marcas, mucha gente piensa automáticamente en nombres. Pero en la práctica, hay otro tipo de marca igual de importante (y muy habitual): las marcas figurativas.
Una marca figurativa es aquella que protege un elemento gráfico, es decir, un diseño, símbolo, dibujo o logotipo, con o sin texto. No se trata solo de palabras, sino de la forma visual en la que una marca se presenta.
Por ejemplo, el “swoosh” de Nike o la manzana de Apple son marcas figurativas muy reconocibles, incluso sin necesidad de leer el nombre.
¿Son habituales las marcas figurativas?
Sí, muchísimo. De hecho, muchas empresas registran este tipo de marcas porque la imagen comunica de forma inmediata y genera recuerdo en el consumidor. En sectores donde la competencia es alta, un buen logotipo puede marcar la diferencia.
En la práctica, lo más común es que las empresas utilicen combinaciones: nombre + diseño. A esto se le suele llamar marca mixta, pero la base visual sigue siendo clave.
¿Cómo se protegen?
Las marcas figurativas se registran igual que cualquier otra marca: mediante una solicitud ante la oficina correspondiente (por ejemplo, la Oficina Española de Patentes y Marcas o la EUIPO si se busca protección en toda la Unión Europea).
La diferencia está en que aquí lo que se protege es la imagen concreta que se presenta. Es decir, el diseño tal cual: colores, formas, disposición… Por eso, si el logotipo cambia de forma significativa con el tiempo, puede ser recomendable volver a registrarlo.
La gran duda: ¿nombre y logo por separado?
Esta es, sin duda, una de las preguntas más frecuentes.
La respuesta corta es: depende, pero en muchos casos sí es recomendable.
Registrar solo el logotipo (marca figurativa) protege esa imagen concreta, pero no necesariamente el nombre por sí solo. Y al revés: registrar solo el nombre (marca denominativa) no protege cómo se representa visualmente.
Por eso, muchas empresas optan por una estrategia más completa:
- Registrar el nombre como marca denominativa.
- Registrar el logotipo como marca figurativa o mixta.
Así se consigue una protección más sólida y flexible frente a terceros.
En definitiva, la marca figurativa no es solo “un dibujo bonito”: es un activo clave del negocio que, bien protegido, puede tener tanto valor como el propio nombre de la marca.


